jueves, 25 de julio de 2019

Nunca quiere ser una princesa. A ella que le gusta lo inapropiado, inadecuado y prohibido, que se escapa de lo normal y rompe todas la reglas, que se quiebra en pedazos si no encaja y se completa a ella mismo si algo le dicen que le falta. Ella que no sueña con velos o guirnaldas, con flores en una alfombra roja, ni pétalos cayendo del cielo celebrando la unión o desunión de dos alma. No hay nada malo en eso no desprecia esos sueños, no repudia tales deseos... Al contrario! Ella no quiere ser una princesa, solo quiere vivir el día, la paz que un amor ligero debe traer en la realización de una vida tranquila. Ella que habla de fuego sin embargo siempre baila, corre, besa y hasta llora debajo de la lluvia. No necesita de alguien para saber que es un desastre porque ella sabe muy bien cuando hacer una limpieza dentro de ella como abstenerse a la suciedad y cuando sacarla de su hogar. Siempre busca la esencia, el calor que necesita un alma para sentirse como en casa, dice que ha tocado varios cuerpos y de vez en cuando muchas almas y lo seguiría haciendo porque ella no quiere ser una princesa, ella solo quiere ser una verdad entera, nunca a mitades ni a medio término. Nunca quiere ser una princesa, quiere ser una tormenta, el fuego, el viento, un volcán en erupción, el caos, la locura, la pasión, la intensidad. Quiere ser libertad, aquella libertad como un sueño de una niña de siete años, crear alas y volar sin destino a donde la vida quiera llevarla. Porque la libertad es la definición de la vida de la mujer en la que se está convirtiendo.
Ron Lorente
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