Esclava.
Obediente a lo que su cuerpo pide, sin limites en todos los sentidos, de ternura no se mide, besa como si la vida se diera en una respiración boca a boca, joder, que rico besa.
Es la mejor poeta que ha escrito en mi piel, ella no conoce la poesía pero su mirada lo es, no finge ser buena, buena no es, es una dama de fuego, una gigante entre mortales, una diosa del placer, nunca se somete ni se deja, ella hace lo que quiere y cuando quiere, su debilidad son los besos en el cuello, las batallas en la cama de madrugada, no es de dar treguas, ella no se cansa, una cabr*na en todo el sentido de la palabra.
Le gusta empapar las sabanas y no
exactamente con su sudor, le gusta tomársela toda y no hablo de una copa de vino, le encanta tenerme en sus seis en punto, unos centímetro de bajo de su ombligo, mi mano en
su cuello, mi lengua buscando la suya y dos almas buscando la eternidad.
Le gusta la noche, es nocturna, le encanta la luna y los besos debajo de ella, las caricias a flor de piel, las piernas temblorosas de placer, la felicidad es verla torcer su espalda como un arcoíris cuando pide más, es de intensidad no de cantidad aunque con ella es todo sin medida.
Ella es poesía, ella es otra dimensión, ella es una esclava de sus deseos, de lo que quiere y siempre, siempre lo consigue.
Sam chevalier
Obediente a lo que su cuerpo pide, sin limites en todos los sentidos, de ternura no se mide, besa como si la vida se diera en una respiración boca a boca, joder, que rico besa.
Es la mejor poeta que ha escrito en mi piel, ella no conoce la poesía pero su mirada lo es, no finge ser buena, buena no es, es una dama de fuego, una gigante entre mortales, una diosa del placer, nunca se somete ni se deja, ella hace lo que quiere y cuando quiere, su debilidad son los besos en el cuello, las batallas en la cama de madrugada, no es de dar treguas, ella no se cansa, una cabr*na en todo el sentido de la palabra.
Le gusta empapar las sabanas y no
exactamente con su sudor, le gusta tomársela toda y no hablo de una copa de vino, le encanta tenerme en sus seis en punto, unos centímetro de bajo de su ombligo, mi mano en
su cuello, mi lengua buscando la suya y dos almas buscando la eternidad.
Le gusta la noche, es nocturna, le encanta la luna y los besos debajo de ella, las caricias a flor de piel, las piernas temblorosas de placer, la felicidad es verla torcer su espalda como un arcoíris cuando pide más, es de intensidad no de cantidad aunque con ella es todo sin medida.
Ella es poesía, ella es otra dimensión, ella es una esclava de sus deseos, de lo que quiere y siempre, siempre lo consigue.
Sam chevalier

